Se acercan las elecciones intermedias, la avalancha de espots y propaganda crece día con día, candidatos y candidatas brotan como hongos por todo el territorio nacional y, quizás como nunca antes, el desánimo y el desinterés por participar en “la fiesta de la democracia” campea entre la ciudadanía, harta de tanta corrupción, ineptitud, mentiras y decepciones.
Ante el proceso electoral que ya ha iniciado, a los ciudadanos nos corresponde establecer la agenda de acuerdo a nuestros intereses y no aceptar que los políticos impongan la suya.
Para empezar, debemos decidir si es conveniente participar, grupos de la izquierda radical promueven el boicot a las elecciones. Sobre todo en los estados de Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas. Quieren impedir por la fuerza que se realicen las campañas políticas y la jornada electoral.
El bloque de los abstencionistas–anulistas sostiene que una altísima tasa de abstencionismo y votos anulados mandaría un claro mensaje de repudio a la clase política y ésta, avergonzada y preocupada, se vería obligada a cambiar.
Por su parte, los promotores del voto alegan que no votar o anular el voto sólo acabará favoreciendo al PRI y a sus aliados, dejándoles vía libre en el Congreso para que hagan lo que se les pegue la gana.
¿Algún partido merece ser votado? Los partidos políticos se han ganado a pulso el repudio de la gente. A los partidos de siempre ya los conocemos y sabemos de sus usos y costumbres, e incluso conocemos a los fulanos que postularán como candidatos. A los partidos nuevos, apenas los vamos a conocer.
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